¿Halloween o Día de Muertos?
¿Qué debemos celebrar los mexicanos?
Escribe: Lulú Eduardo II
Cada año es la misma pregunta, y aunque sigue habiendo muchas personas que defienden la tradición de celebrar a los fieles difuntos, es innegable que la fiesta de Halloween ha ganado mucho terreno, y ha llegado a convertirse en una de las celebraciones más populares y con mayor difusión, no sólo en nuestro país, sino en muchas otras partes de Latinoamérica y Estados Unidos.
Es importante mencionar que la modalidad o versión del Halloween que se festeja en México y muchas otras partes del mundo, es decir, eso de los disfraces y del ‘trick or treat ‘ (trato o truco), es una versión moderna ideada por la mercadotecnia gringa, (para variar), con los fine$ que ya se imaginan ustedes.
En realidad, el origen de este festejo es europeo, con otras raíces y desde luego mucho más antiguo que el Halloween gringo, y es una mezcla de una fiesta pagana de origen irlandés conocida como Samhain, — que significa fin del verano—, y la celebración religiosa del Día de Todos los Santos.
El 31 de octubre de cada año, los pueblos celtas de Irlanda organizaban la festividad del Samhain, que celebraba el fin de la época de cosechas, pero además, celebraba el inicio de un año nuevo celta. Y es que para los celtas, según su religión, —como para muchas otras religiones del mundo antiguo—, la fiesta del Samhain era la representación de la muerte y renacimiento de su Dios. Ellos creían que al igual que lo hacían los campos y la misma naturaleza, su Dios moría y renacía cada año en esa fecha.
Como vemos, en sus orígenes la celebración del Halloween no tiene nada que ver con el Halloween comercial de ahora, sino que tiene raíces, digamos, más profundas.
Entonces, ¿nada que ver con los disfraces de brujitas, vampiros, momias, hombres lobo, zombies y los que faltan?
Pues no. Como ya lo dije antes, todo eso es mera estrategia mercadotécnica gringa.
¿Qué es entonces lo que debemos celebrar los mexicanos?
Lo que he observado en relación al tema, es que en los últimos 10 años ambas celebraciones, —debido sobre todo a su contigüidad—, han ido formando una especie de amalgama. He visto cómo los jóvenes festejan la noche de brujas ataviados con los más variados disfraces de personajes no sólo como la Catrina o la bruja, sino también de legendarios y míticos personajes originarios de otras culturas. Es decir, no les importa ir disfrazados de Catrines o Catrinas, calaveras, vampiros, hombres lobo, brujas, momias… ellos lo que quieren es hacer un festejo de ambas tradiciones y no una celebración en forma.
Me di a la tarea de preguntar a algunos adolescentes por qué festejaban la noche de brujas. Todos me dijeron que simplemente por disfrazarse y pasarla bien en grupo. Cuando les pregunté si sabían el significado de la celebración del 31 de octubre, ninguno me supo contestar.
A los niños pequeños los disfrazan sus padres, ya sea para algún festival en el centro preescolar, o simplemente porque se ven muy “monos” con sus atuendos de brujitas, momias, etc. Los más grandecitos —8, 10 años— que ya andan de puerta en puerta pidiendo dulces, tampoco saben —de origen— por qué lo hacen. Ni siquiera muchos de sus papás lo saben.
Entonces, ¿qué estamos viendo?
Estamos viendo que las personas que conocen el origen de sus tradiciones, y le dan el valor y el contexto requerido, las conmemoran, celebran y festejan con conocimiento de causa. Y ahí está el meollo del asunto, —o como diría Cantinflas: ahí está el detalle—. Y el detalle es que la mayoría de los mexicanos conmemoramos, celebramos y festejamos a nuestros muertos porque es una tradición ancestral que la mayoría conocemos, y la conocemos porque nos ha sido legada por nuestros antepasados de generación en generación. Algo que no nos ha ocurrido con el Halloween por tener otro origen y otro motivo ajeno a nuestra cultura.
Creo que no tiene nada de malo conocer otras costumbres de otros pueblos y participar de ellas, —sin olvidar las nuestras, desde luego—, pero conocerlas de verdad y no festejar sólo por moda o mera pose. ¿No creen?
Hasta la próxima.

