No se puede hablar de Tarecuato sin hablar de Fray Jacobo Daciano, o de Dacia. De este fraile de origen danés se cuentan muchas historias de las que, quizá la más conocida, sea la de su báculo, convertido en naranjo hace siglos, y el cual ha permanecido hasta nuestros días, siempre lleno de jugosas y dulces naranjas, en el centro del patio del ex convento.
Hay al menos dos versiones de este suceso. Una de esas versiones la escuché de voz de una persona del pueblo de Tarecuato, conocedora de muchas de sus historias y tradiciones.
Esta versión nos dice que según cuenta la tradición, fray Jacobo realizaba salidas frecuentes llevando la tarea de evangelizar a los pueblos que estaban a su cargo, algunos cercanos y otros muy distantes, y que algunas veces, dadas las distancias que tenía que recorrer a pie en su misión evangelizadora, tardaba muchos días en regresar a Tarecuato.
Un día, habiendo regresado de uno de sus pesados viajes, sintióse cansado y se sentó a descansar dejando el báculo a su lado. El mismo cansancio lo venció hasta quedarse dormido.
Cuando despertó y buscó su báculo para apoyarse, vio con asombro que a éste le habían salido brotes, como pequeños retoños. A Jacobo esto le pareció un prodigio y decidio plantar el bastón. El bastón echó raíces y ramas hasta transformarse en ese naranjo que, como antes mencioné, aún se encuentra en el mismo lugar que lo plantara, hace siglos, Fray Jacobo.
Este patio del ex convento, es también conocido como El Patio del Naranjo.
La otra versión, publicada en www.lugaresdemexico.com, y que a su vez es recogida de la "Historia de Xhucunan" de Fernando Castillo Villanueva, dice que; "(Fray Jacobo) Plantó al final de su vida su báculo en el patio del convento, afirmando que 'si retoñaba, sería señal de su salvación, de lo contrario de su condenación'.
De todo esto hay mucho para contar. Si te interesa conocer más, al final dejo
unos enlaces donde podrás encontrar información por demás interesante
sobre el tema.
Pero por lo que realmente se debe recordar y reconocer a fray Jacobo, es por “…el esfuerzo del franciscano danés, por defender los derechos religiosos de los indígenas a quienes, habiendo recibido el bautismo, se les negaba la recepción de los demás sacramentos, especialmente el sacerdocio, por razones raciales contrarias a la práctica de la primitiva Iglesia de los apóstoles. Este último Provincial de la Orden Seráfica en Dinamarca, expulsado de su país a raíz de la introducción del protestantismo en su patria, pasó a España y de España a México en 1542, destinado a la Custodia de su Orden en Michoacán. Su sueño evangélico quedó diseñado en una obra latina y castellana titulada Declamación del pueblo bárbaro de los indios que habiendo recibido el bautismo desea recibir los demás sacramentos, que despertó una fuerte controversia dentro de su misma Orden. Su memoria se conserva viva a través de más de cuatro siglos en los pueblos indígenas de Zacapu y de Tarecuato en Michoacán”.
Referencias: La utopía de fray Jacobo
Fray Jacobo tallado en cantera
Hay al menos dos versiones de este suceso. Una de esas versiones la escuché de voz de una persona del pueblo de Tarecuato, conocedora de muchas de sus historias y tradiciones.
Esta versión nos dice que según cuenta la tradición, fray Jacobo realizaba salidas frecuentes llevando la tarea de evangelizar a los pueblos que estaban a su cargo, algunos cercanos y otros muy distantes, y que algunas veces, dadas las distancias que tenía que recorrer a pie en su misión evangelizadora, tardaba muchos días en regresar a Tarecuato.
Un día, habiendo regresado de uno de sus pesados viajes, sintióse cansado y se sentó a descansar dejando el báculo a su lado. El mismo cansancio lo venció hasta quedarse dormido.
Cuando despertó y buscó su báculo para apoyarse, vio con asombro que a éste le habían salido brotes, como pequeños retoños. A Jacobo esto le pareció un prodigio y decidio plantar el bastón. El bastón echó raíces y ramas hasta transformarse en ese naranjo que, como antes mencioné, aún se encuentra en el mismo lugar que lo plantara, hace siglos, Fray Jacobo.
Este patio del ex convento, es también conocido como El Patio del Naranjo.
La otra versión, publicada en www.lugaresdemexico.com, y que a su vez es recogida de la "Historia de Xhucunan" de Fernando Castillo Villanueva, dice que; "(Fray Jacobo) Plantó al final de su vida su báculo en el patio del convento, afirmando que 'si retoñaba, sería señal de su salvación, de lo contrario de su condenación'.
De todo esto hay mucho para contar. Si te interesa conocer más, al final dejo
unos enlaces donde podrás encontrar información por demás interesante
sobre el tema.
Un naranjo de casi 500 años
Pero por lo que realmente se debe recordar y reconocer a fray Jacobo, es por “…el esfuerzo del franciscano danés, por defender los derechos religiosos de los indígenas a quienes, habiendo recibido el bautismo, se les negaba la recepción de los demás sacramentos, especialmente el sacerdocio, por razones raciales contrarias a la práctica de la primitiva Iglesia de los apóstoles. Este último Provincial de la Orden Seráfica en Dinamarca, expulsado de su país a raíz de la introducción del protestantismo en su patria, pasó a España y de España a México en 1542, destinado a la Custodia de su Orden en Michoacán. Su sueño evangélico quedó diseñado en una obra latina y castellana titulada Declamación del pueblo bárbaro de los indios que habiendo recibido el bautismo desea recibir los demás sacramentos, que despertó una fuerte controversia dentro de su misma Orden. Su memoria se conserva viva a través de más de cuatro siglos en los pueblos indígenas de Zacapu y de Tarecuato en Michoacán”.
Referencias: La utopía de fray Jacobo


